Si lo hace un hombre con traje de chaqueta será arte…¿no? No me atrevería a decir lo contrario ni en los tiempos que corren. Además, se le ve tan concentrado… y sin embargo mis padres me habían repetido una y mil veces que pintar en las paredes de casa con rotulador estaba mal.

 

– ¿Por qué, mamá?, ¿Acaso los hombres de las cavernas no pintaban en sus cuevas?, ¿Acaso no colgamos cuadros en nuestras paredes?, ¿No prefieres algo que haya hecho yo, sangre de tu sangre, al trabajo impersonal de un desconocido?

 

Desde luego no había forma de convencerlos, y si reincidía en mi impulso me castigaban a resolver interminables problemas de matemáticas para enseñarme la lección. Y la lección la aprendí. Hoy soy profesora de matemáticas.

 

Otra cosa que también aprendí es que los que hacen grafitis en las calles son unos delincuentes. Pantalón de tiro bajo, camiseta sin mangas, cadenas y una gorra. Así es como yo veo a esos vándalos. Por eso algo anda mal aquí. ¡El yerno ideal haciendo un grafiti!

 

Puede ser que a mis padres se les olvidase contarme que existen lobos con piel de cordero, que no todo lo que ves es todo lo que es la gente, que muchas veces, nada es lo que parece. Puede que se les olvidase que el hábito no hace al monje o que no por responder a unos patrones sociales la persona es de una manera u otra. O simplemente, a ese niño mayor de traje de chaqueta sus padres no le prohibieron pintar con rotulador en las paredes de su casa.

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