Una vez más doña Aurora había vuelto a gritarle. Era lo único que su cabeza procesaba una y otra vez… hoy ni siquiera se había despedido al salir, cerró la puerta suavemente y se encaminó a casa cabizbaja y rumiando el tedioso maltrato recibido cada mañana,de repente algo llamó su atención:

 

Otra vez estaba ahí el banquero defenestrado !spray en mano vengando su tempranero despido, inesperado, rápido y devastador, tsunami en su vida profesional ,y a juzgar por su demacrado aspecto, también personal.

 

Le encantaba verlo en plena posesión, tatuando la fachada del Santander y aledaños,mientras la crispación del nuevo director era más que palpable desde el ventanal de su despacho, presidido por una viñeta publicitaria que decía “Siempre preparados para ayudarte”.

 

El nuevo director colgó el teléfono, mientras el spray seguía violando paredes,en los rostros de los compañeros se podía leer indignación, Peña, y algún claro atisbo de regocijo en los más viejos.

 

Sonaba ya cercana la sirena de policía, pero seguía a lo suyo, sin inmutarse.

 

Cuando se lo llevaron tenía cara de satisfacción, como de deber cumplido. La cartera de piel quedo en el suelo, juntó al spray, Pruden lo recogió rápidamente y cuando vio que aún quedaba se lo guardó en el bolsillo. Mientras seguía caminando pensaba que le parecería mañana a Doña Aurora un poco de libertad de expresión sobre sus maravillosas puertas blancas…

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