Todo empezó con aquel extraño juego de pistolas de agua que poco a poco fue ganando más participantes curiosos. El pueblo se tiñó de colores y la algarabía era una fiesta contínua. Los niños parecían salir de debajo de las piedras mientras que el número de adultos,descendía considerablemente.
Tiempo atrás, solo reinaba el tedio y las buenas costumbres que limitan las más profundas y sentidas voluntades internas. Ella,cansada de la rutina,decidió por vez primera participar en la batalla de agua. Observamos como caminaba arrastrando casi los pies,sin apenas levantar la mirada de suelo, rumbo al nuevo horizonte. Nunca más la volvimos a ver igual.Algo ocurría en el interior del bosque cuando el juego comenzaba, que jamás nadie regresaba de la misma forma en la que se despedía.Sólo sabíamos que a las pocas horas,la plaza central se colmaba de niños y niñas que volvían a las mismas casas de las que esos mismos adultos salían poco antes.
Entonces llegó al pueblo un hombre alto y corpulento pero con semblante relajado y risueño.Visitó cada casa para recoger cada pistola de agua. Nunca ningún participante recordó haberle visto.
Sólo experimentamos y experimentaron cómo dentro de sí había una magia e ilusión que colmaba de alegría cada resquicio de vida.En cierta forma se parecían mucho a aquéllos niños que jamás volvimos a ver después de la partida de aquel misterioso extranjero.
Nunca sabremos que aconteció realmente en el bosque. Sin embargo, si gozamos de la libertad que acompaña a la ausencia de miedo cuando todos nos dimos la oportunidad de renacer una vez más a la infancia que siendo adultos,decidimos abandonar,para volver a ser otra vez puros e inocentes como antaño.