-¿Realmente crees que esto va a funcionar? Le he preguntado por tercera vez y él por tercera vez me ha dicho que sí, que su absurda idea de entrar a cometer un atraco en el banco de la esquina con una mochila cargada de inocentes pistolas de agua va a funcionar.
Habrá gente que se pregunte que me ha llevado a meterme en un lío tan considerable, habida cuenta de que yo soy una mujer corriente que jamás se planteó delinquir. Es muy sencillo, hace dos meses conocí de una manera casual a Roberto, moreno, metro noventa, con un cuerpo de escándalo y unos ojos como abismos negros en los que yo me perdí sin remisión nada más conocerle.
Hasta ahí nada que objetar, llámalo sexo, llámalo amor, llámalo como quieras pero yo ya no puedo imaginar un minuto de mi vida sin pasarlo junto a ese Adonis caído del cielo, así que cuando me contó sus planes de robo y huída juntos a una isla del Caribe para ser felices y comer perdices yo solo he podido decir que si, por supuesto mi colaboración es imprescindible y el plan es patético, pero yo no puedo resistirme a esos ojos.
Así que ahí me voy cargada de armas de juguete a atracar un banco, mientras, mi amor me despide en la puerta, nos encontraremos allí según el plan. Miro desde la calle hacia la ventana y allí está él, bello, perfecto, hablando por teléfono, pronto estaremos juntos y mi vida será como siempre soñé.
-Hola cielo soy Roberto, la chica va para allá, ya sabes te espero en la puerta trasera, si, si no te preocupes ella no sabe lo de los explosivos en la mochila, está todo controlado, si es buena gente pero la vida es así, si, del banco al aeropuerto todo controlado, nos vemos ahora amor.