Detesto a los negros, a los moros, a las putas y a los maricones; denigran la condición humana. Me dan asco los judíos, los chinos, los sudacas; los odio, aborrezco a esa escoria. Debemos exterminarlos, aplastar sus sucios cuerpos como cucarachas. Si por mí fuera, construiría cientos, que digo cientos, miles de cámaras de gas. Pero el maestro no quiere, no cree oportuno un enfrentamiento directo, sino una retirada al Paraíso, donde viviremos sin esa basura de la humanidad. Y no le falta razón, humillarnos manchando las manos con sangre no tiene sentido. No es cobardía, sino inteligencia, esa cualidad que distingue al apestoso de nuestra raza; ¿pero cuánto tardan? Estoy harto de esperar, ¿se habrán olvidado de mi? Ya vendí mis pertenencias y entregué el dinero que arderá en la hoguera. Allí, no es necesario. Él nos protegerá. Nos proveerá de alimentos y cuidados, velará por nuestras almas y asegurará nuestros hogares, y, ¿a cambio de qué?, de nada, simplemente altruismo y generosidad. Somos sus elegidos, no le podemos defraudar. ¡Pero por Dios cuánto tardan! Más de dos horas de espera, ¿cuándo van a llegar?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *