Todo comenzó aquel fatídico 27 de Noviembre de 1978, fecha en la que alguien o algo decidió traerme a este mundo sin libro de ruta, ni guía de supervivencia.
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Aquí creen que la libertad es elegir marcas y modelos, jugar a estar sin ser, hablar sin haber vivido, culpar a otros del propio yerro.
Triunfa la deslealtad, los engaños y chantajes. Se convence con presión y acosos lacerantes.
Nadie tiene tiempo para pensar en los demás, porque lo invierten en satisfacer sus propios deseos y exhibirse en una hipócrita mascarada carnavalesca.
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Tal fue mi desubicación, que decidí zambullirme en el mar de delirios, única forma de evasión absoluta que encontré por el camino.
Como premio, la sociedad me otorgó el título honorífico de loco trastornado, más que un estigma un halago, habida cuenta lo que entienden por cuerdo y normal aquí.
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Ahora vivo en la calle, dicen que soy un sin techo. ¡¡¡¡Ja, ja, ja!!!! ¿Cómo puede necesitar techo quien ha perforado las barreras de los prejuicios, derribado los muros de las relaciones tóxicas y saltado la línea del equilibrio mental, cayendo al vacío abismal.….y sin red?
Hoy he pedido a mi vieja cámara que me haga esta foto, entre el fósil y la flor, porque es así como me siento, por fuera y por dentro, con ventura y repugnancia, con dolores de barriga, por tanta emoción vivida, por tan voraz arrogancia y por el garrafón que me han dado en la tasca de la esquina.