El tiempo vuela, el tiempo vuela!! Todos repetían lo mismo. Todos hacían tic tac, tic tac…, salvo ese viejo reloj roto que inmóvil observaba la vida pasar…
Recordaba su juventud con ese ritmo incesante, tratando de no adelantarse ni de retrasarse, buscando continuamente ir en hora. Recordaba el día en que aquel gato blanco, grande y lustroso, que gustaba de pasear por lugares altos y sortear diversos obstáculos, lo rozó con su peluda cola y le hizo caer de la estantería. Recordaba el golpe fatal y aquella extraña sensación de quietud que sintió por primera vez en su frenética existencia. Y de repente el silencio, la calma, la paz por fin… Pero para su asombro no se deshicieron de él, lo dejaron allí en una esquina alta desde donde poder seguir observando la vida, pero sin participar de ella… Había sido un regalo muy apreciado y no querían desprenderse de él. Pero ya no se fijaban en sus manecillas en los momentos importantes del día, ya no accionaban su alarma, ya no marcaba el ritmo de aquella familia con su tic tac, tic tac… Y entonces, añoró en lo más profundo de su engranaje aquella vida de “no parar”, entonces se dió cuenta de su valor y deseó volver a la actividad. Quiso dejar de ser un espectador y entrar de nuevo en la película, y empezó a soñar, a imaginar, a volar como el tiempo… el tiempo vuela, el tiempo vuela!!.