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El hombre lleva todo el día tirado en el sofá delante de la tele. No ve nada en concreto. De repente, intenta cambiar de canal, pero su dedo no encuentra ningún botón y siente una especie de pinchazo en el abdomen. Mira el mando y comprueba que no hay botones, tan solo una etiqueta bien grande en la que pone: “EMBARAZADO”. Pega un brinco y se toca la tripa y le parece sentir lo que podría ser una patada. Con mano temblorosa, golpea el mando e intenta cambiar de canal, o apagar la tele, lo que sea, pero no hay forma. Asustado, agarra el cable y lo desenchufa de un tirón, pero la tele no se apaga y continúa con su emisión de forma cíclica.

En ese momento se escucha un ruido de llaves. El hombre esconde el mando tras su espalda y aguanta la respiración. Una mujer entra y le da un beso. “Qué mala cara tienes”, le dice. “No me digas que no te pasa nada, a ver, quita, déjame ver lo que escondes ahí”. Forcejean un rato y al fin la mujer se hace con el mando y lo mira unos segundos en silencio. “¿Embarazado?”, dice al fin. “¡Serás cabrón!”. Y le arroja el mando a la cara y se va dando un portazo. De nuevo solo, el hombre siente otro pinchazo y se dobla en dos y ya desde el suelo, mientras vomita, no deja de darle patadas a la tele, pero no se apaga.

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