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Después de tantos esfuerzos, lo había conseguido. La ciencia le había dado la razón: era posible cumplir su sueño. Y él lo había hecho. Él.

 

Matraces y probetas, años de carrera, máster y doctorado, pruebas, ensayos, hipótesis y cobayas. Había sido un largo camino lleno de baches y callejones sin salida pero, por fin, había dado con la forma de lograrlo.

 

Inmediatamente, había empezado a sintetizar el suero y se lo había inyectado a sí mismo. Apenas había logrado pegar ojo mientras esperaba a que hiciera efecto y, al ver el resultado, se desmayó de la emoción.

 

Cuando los gritos de la becaria le llenaron los oídos, se despertó con los ojos anegados en lágrimas; no podía creerlo:

 

Iba a ser mamá.

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