El verano era acuciante, la ola de calor no pasaba. Irene, por poca ropa que se pusiera estaba agobiada por el calor seco de la ciudad. Esta rubia alemán que vino de Erasmus a Valladolid, se encontraba atrapada presentado su tesis de final de universidad.

 

Acostumbrada a lo nublado, fríos y lluviosos días de su Hamburgo natal, la alegría de llegar a este país mediterráneo estuvo presente la mayor parte del tiempo, hasta que el sol y el calor se convirtieron en rutina. Las abrasadora y continuas altas temperaturas le secaron hasta las ideas.

 

Así pues decidida a emprender un cambio en su vida, se armó con los juguetes que andaban por su piso compartido de la Uni: mochila, pistolas y bumpers de agua, todas las que pudo y puso rumbo hacia el centro… Cargaría de munición en la fuente de Isadora y repartiría, alegría y buen humor a cualquiera que la mirase. Estaba dispuesta a participar de la vida loca y rellenar una y otra vez de agua sus powers-jets.

 

En la fuente de la plaza de Isadora la esperaban otros tantos Erasmus convocados por Tweeter y Facebook que hacia un alto en su rutina. Unos en camiseta y shorts, otros en bañador, o con algún disfraz improvisado; con chanclas o sandalias, con gafas de nadar o bucear, comenzaron a disparar chorros a diestro y sinestro.

 

Música de baile, gente en patines, curiosos en los balcones, despistados transeúntes y vehementes participantes, danzan e intercambian risas y chorros de agua, exclamaciones jocosas, refrescando el mediodía de esta castellana ciudad.

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