En las afueras de la pequeña aldea de Hillbury se levanta la taberna “Broken Arms”. Lewis Sinclair es su propietario. Si le invitas a una pinta es capaz de contarte su vida y milagros, pero si la invitación incluye tragos de escocés y dispones del tiempo suficiente, solo entonces te contará la verdadera historia de Big Black Blind.
Big Black no fue grande ni moreno, aunque nació ciego y ciego murió. Siendo niño su familia pereció la noche en que un incendio arrasó “Minor Farm”, la ruinosa granja que habitaban en las colinas que rodean Hillbury. El único superviviente, el pequeño Big Black, se sirvió de su ceguera para orientarse entre la espesa humareda y alcanzar la salida. El difunto Milton Sinclair, padre del actual propietario del “Broken Arms”, se apiadó del mocoso y le contrató como ayudante en su taberna. Lo que nadie sabe, porque a nadie contó salvo a su benefactor, es que durante todas y cada una de sus noches se repetía la misma pesadilla. El viejo reloj de la granja martilleaba su insistente tic tac y Big escuchaba cómo iban repicando una tras otra las campanadas. Cuando sonaban los cuartos que anteceden a las tres de la madrugada se despertaba aterrorizado. Tembloroso y bañado en sudor, se arrastraba hasta encontrar la puerta de salida. A la mañana siguiente, cuando aparecía por el “Broken Arms”, el viejo Señor Sinclair siempre le preguntaba lo mismo: “¿Cómo te encuentras, Big?” y él siempre gruñía: Todas duelen. Solo la última mata”.