La venganza me mantiene vivo, mejor dicho, la venganza me mantiene cuerdo. Si no fuera por mis fantasías vengativas habría enloquecido.
He pensado sobre las distintas formas de vengarme, y voy eligiendo una u otra en función del momento del día, por las mañanas suelo enviarle una carta bomba, por las tardes un escarnio público, pero no nos engañemos a eso también ha sobrevivido, y por las noches proyecto una larga enfermedad incurable, llena de sufrimiento.
Eso me permite no soñar con él, dejar el fantasma en el vuelo diurno y poder entrar plácida y libremente en el descanso tan necesario para mí.
Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, así que debo esperar, debo esperar a calmarme y a que el ímpetu no me ciegue y me haga irreflexivo e impulsivo.
Mientras tanto, he paralizado el despido de todos los que fallaron, de la cadena que falló, de la famosa cadena de mando que falló, al fin y al cabo cual es el status de un expresidente, en que status estaré yo como expresidente, a quien despido ¿A todos?
Sí, definitivamente debo esperar, y seguir soñando despierto con su desgracia de mil maneras distintas.