Quizás existan los cuentos de hadas, pero este no es uno de ellos.
Todo empezó hace unos meses, Elena había vuelto a soñar. Lo contaba despacio mientras desayunaba de pie en la cocina, .- “Os juro que podía volar en mi sueño”
Elena era guapa, pero no una tía buena, demasiado lánguida. Empezó a obsesionarse con sus sueños y no hablaba de otra cosa, empezó a ir a un psicoanalista experto en interpretación de los sueños, pero al poco lo dejó, acabó visitando a una pitonisa: Madame Claudia.
Madame Claudia llegó a venir a casa cada día, hacían brebajes en la cocina y reían, nunca había visto a Elena tan animada, parecía otra, con desparpajo y descaro. -“Tú y yo vamos a ir copas, o no te atreves?” me dijo una noche. La verdad era que no, y lo sabía.
Llegó el día que voló de verdad, la vimos pasar a un metro del suelo, totalmente horizontal y nos quedamos de piedra, “Os lo dije puedo volar, sólo había que sacarlo del sueño es genial!”
Salió por la ventana y nunca más volvió.
Este no es un cuento de hadas, es un cuento de brujas.