Unos sollozos de mujer casi imperceptibles llegan de la mesa de al lado, sigo absorto en mi periódico, no me atrevo a mirar. Un joven entra corriendo en la cafetería y sonriendo se acerca a ella, escucho sus risas y de reojo observo como mientras se abrazan ella seca sus lagrimas con la mano. Él no lo percibe y le habla de cosas que parecen alegres.

 

Dejo unas monedas sobre la mesa y me dirijo hacia el metro, ya en el vagón un asiento queda libre, varias personas intentan alcanzarlo, la más mayor, que parece cansada no lo logra quedándose cabizbaja junto a una barra, la más joven se sienta exhorta en la pantalla del móvil, ni siquiera la ha visto.

 

Ya en la oficina espero ansioso a que llegue Luis, ayer le daban los resultados que pueden cambiar su vida. Al entrar su expresión me comunica lo peor, no me da tiempo a acercarme, su jefe, sin levantar la cabeza del informe contable le espeta que “Faltan 500 €”, Luis contesta que ahora mimo lo revisa mientras se dirige a su mesa.

 

Miro mi correo ¡genial! ha llegado el mail con la foto del taller de escritura, desconozco el contexto de la misma, los personajes no me interesan, solo veo dos adultos uno divertido, quizás quiere ser el centro de atención o solo busca votos y otro a su lado preocupado o solo cansado. Una vez más se repite la misma escena, estamos juntos pero sin mirarnos.

 

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