– Un buen día para reivindicar, ¿no crees Laura?— Preguntó Anabel a su amiga de la facultad.

– La verdad es que sí, me alegro de que me hayas convencido. Los jóvenes no podemos quedarnos en nuestras casas quejándonos, tenemos que hacernos oír.

Todavía no había comenzado la manifestación, pero los policías estaban en posición de alerta. Cualquier palabra o movimiento sospechoso bastaba para dar un toque de atención. A Laura y Anabel les pidieron el D.N.I. nada más llegar. No es una manera muy acertada de hacer amigos. Podrían haber empezado con un: “qué buen día hace, ¿no os parece?” Los que de verdad causaban problemas se escondían pícaramente hasta encontrar el momento oportuno meter baza en una manifestación pacífica en contra de la precariedad salarial juvenil y la subida de tasas universitarias.

– Me gusta tu bolso, ¿dónde te lo has comprado?— Preguntó Laura.

– Es de mi hermana. No tengo mucho tiempo de irme de compras con los parciales.

– Bueno, siempre te agobias y al final sacas buena nota, seguro que te dan la beca.

Anabel sonrió, despreocupada. Tenía los ojos cerrados y dejaba que el calor primaveral relajara sus facciones. Laura en cambio se sentía algo cohibida por la presencia de las fuerzas de seguridad.

– ¿A qué hora empezaba?— Preguntó Laura.

– A las 6, pero siempre se retrasan. Oye, ese chico de ahí es mono, vamos a pedirle unos carteles.

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