La muerte se presenta con tanta fortaleza que termina ganando.
Engaña, te cambia céntimos por enteros, y lo crees.
Has perdido toda la noción de realidad y has olvidado todo lo que sabías,
sólo ves enemigos, porque lo son.
La naturaleza se vuelve contra ti, y deja de ser bucólica para ser aterradora.
Una mariposa entonces bella, es ahora un ser potencialmente asesino, porque lo es.
Las batallas ganadas no significan nada, sólo llanto y dolor, dan unas horas de sueño y la
posibilidad de rearme al adversario, que cuenta con miles de orcos cósmicamente conectados en íntima alianza; y tú quisieras dejarte llevar y que te conquisten.
Unirte al enemigo, ¿porque no?
Baila la muerte, sus ninfas de ensueño te distraen, te sumergen en su mar sulfurado, y te olvidas de para qué viniste.
El sonríe, sabe lo que pasa, pero sonríe, porque te ama. Y le amas.
¿Será otro truco? otra distracción en esta guerra sublime por la vida, nadie lo sabe.
Sólo queda el amor, el amor sin cuerpo, el amor con alma, la que no existía aparece.
Sí mi alma existe, y en ella la tuya, guardada en el cofre, y sonrío, porque le amo. Sí le amo.
Pero no me engaño, la muerte ganó, me destruyó contigo, y sólo quedan cenizas.
Sigo batallando, pues acecha en cada esquina, y cada aniversario es la celebración de su conquista.
Desde estas ruinas con memoria, como las piedras, construiré un nuevo mundo, como me enseñaste.