Este relato lleva por título:

‘No soy tu amigo. Soy tu cómplice’,

y dice lo siguiente:

Es entonces, y solo entonces,

cuando ella, que yace en su cama,

inmóvil,

observando ese brillo en la punta de su tenedor,

ese destello,

ese instante congelado y desnudo

donde el tiempo se detiene.

Es entonces,

y solo entonces,

cuando ella sonríe

y se eleva a los cielos.

 

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