-¡Si, y qué! Ahora soy libre, pero ahora no tengo apenas para comer, vivo en una casa en ruinas, me visto con harapos y trabajo el triple que antes para cobrar un salario vergonzoso.

-No te quejes tanto, Lucio, ahora eres libre para lo que quieras. Nadie te va mandar trabajar a la fuerza con un látigo, ni te van a poner cadenas para tenerte atado como un perro. Ya no eres el esclavo de nadie. ¡Se ha abolido la esclavitud!

-¿Pero tú eres idiota, o qué? Si cuando era esclavo comía de caliente todos los días, dormía en un techo decente y no me faltaba ropa limpia con la que vestirme, ¡en un trabajo decente!

-¡Va! Eso era porque el amo al que servías era una buena persona, que era lo raro. Lo habitual era que te trataran a golpes y que no pudieras no rechistar porque te iba en ello la vida. Ahora si no te gusta tu trabajo puedes buscar otro o ser tú el dueño de tu propio negocio.

-¿Buscar otro trabajo? ¿Dónde? Dime donde hay un trabajo en el que el dueño no te explote hasta sacarte la última gota de tu sangre, y cuando ya no puedes más, te eche a calle por inútil. Mi propio negocio sería la solución si tuviera el capital suficiente, o es que te crees que montar un negocio es gratis, ¡atontao, que vives en la inopia!

-¡Bueno, vale! No te pongas así, que todo lo ves siempre igual de negro. Acuérdate que Dios lo ve todo, que aprieta pero no ahoga, que todo en la vida es pasajero, una prueba que nos manda para ganarnos el cielo. Él nos lo va a recompensar en el paraíso.

-Sí, ya. ¡Anda y vete a tomar por culo! ¡Vivan las “caenas”!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *