Intentaba respirar, solamente pensaba en oxigenar su cerebro cada vez cogiendo aire con más fuerza. La actividad cerebral se para si no recibe oxigeno, por esto intentaba estar alerta al ritmo constante que le hacía respirar.
El día anterior había recibido la llamada que le convocaba, a pesar de ser su día libre, y tenía que cumplir. No tenía elección y Berta tenía que entenderlo. Intentaba recordar que le había prometido pasar el día con ella, pero una vez más tenía que buscar una recompensa por fastidiarle de nuevo los planes.
El día se presentaba cargado y más vale concienciarse y coger fuerzas; el sol no había salido todavía, pero anoche el hombre del tiempo había previsto muy buena temperatura. La gente empezaba a acudir. Al fondo, el murmullo de los que empezaban a colocar el atrezo le hacía un poco difícil la tarea de concentrarse en lo suyo. Sólo estaba pensando en Berta, ella le ocupaba todo el pensamiento.
Se acerca a la máquina de café, inserta las monedas, escoge un café cortado, espera que la máquina termine de acabar su proceso y saca el vasito de plástico llevándolo directo a la boca. En diez minutos debe ponerse el traje y repasar de nuevo el guión. No tiene muchas frases – con el casco y el pasamontañas tampoco puede verbalizar mucho – pero las acciones las tiene que tener perfectamente realizadas, si no el director le echará de nuevo el sermón.