Una furgoneta azul oscuro rueda por las calles de Barcelona. Por los altavoces de su interior un locutor brama “Buenos días, Cataluña. Damos paso a la hora de las peticiones del oyente. Carmen, desde Rota, le dedica esta bonita canción a Germán ‘Te estoy amando locamente’. Les dejo con Las Grecas’
Sentado al volante, Pies de Plomo, activista de Vía Luminosa. A su lado, de copiloto, la subcomandante Rosa de Lima empuñando un kalasnikov. En el asiento trasero, Gregorio Morales, magnate de las máquinas tragaperras y su muy emperifollada esposa.
La parlanchina parienta del magnate no cesaba de dar la matraca a los secuestradores:
—Os van a emplumar, capullos. Se os va a caer el pelo. Soltarnos ahora mismito u os juro, por la gloria de mi madre, que os fusilan. Gilipollas, más que gilipollas.
El magnate, acojonado, gemía:
—Callate Paquita, por lo que más quieras… Señores terroristas, no la hagan caso que está loca… Les damos lo que quieran y nos sueltan, ¿verdad?
—Bragazas, eso es lo que eres, un bragazas— le replicó la parienta. —Para unos milloncejos que tenemos ahorrados, ahora vas tú y la cagas—
—Por Dios Paquita, ¿no puedes callarte?
A la subcomandante Rosa se le estaban empezando a hinchar los ovarios. Giró la cabeza hacía el asiento trasero, y mostrándoles el kalasnikov dijo:
— O se callan los dos ahorita mismo, o les dejo más secos que la mojama.
Los altavoces imploran: “Testoy amando locamenti, pero no sé como te lo voy a desir…”