(uno)
Aquel día inauguramos la dicha de crear un universo decadente. Fueron tres meses de cruzar la Anatolia entre murmullos. De rebozarnos en el barro. De sentir cómo las entrañas se escarchaban. De bebernos el orín y el agua estancada. De escapar de los vivos, de reventar los caballos… Fueron tres meses de luchar contra las sombras y atravesar los pantanos cenagosos. Tres meses escondiendo el oro y nuestras sombras …hastío y soledad… Tres meses de galopes monótonos y de carne desplazada sin aplomo.
Buscando un paraíso de demencia, llegamos a un paraje que nos sonrío.
(dos)
Safán hizo el censo de los hijos de Queat por clanes y familias, todos ellos habían efectuado la travesía en los tiempos míticos. Mandó levantar los cimientos de un templo y transformar los desiertos en estanques, la tierra árida en manantial. Mandó sembrar campos y plantar viñas. A los hijos de Queat mandó cantar alabanzas al Divino Tránsito. Cuando todo esto hubo hecho, descansó.
(tres)
—¿Por qué iban los Dirigentes Aritméticos a intervenir para detener esas apariciones?— preguntó Akab.
—Esa gente es mayoritariamente del ala dura del Cónclave Benefactor. Muy peligrosos— respondí.
—Haríamos bien en reforzar el Poder Secular—
—Es más que probable que así se haga— concluí.
Akab abrió un grueso dossier —¿Has leído el informe de los Milenarios sobre las apariciones? Es fascinante. Escucha lo que pone aquí.
Ajusté el volumen del audífono y asentí con la cabeza.
—”Hemos visto prodigios sin igual. Sombreros sin cabeza y arcángeles humanoides elevándose hacia los cielos”.