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Y ellos que no han visto lo que fue mi vida,

tantos milagros por los que estoy agradecida,

tantos trabajos a los que me dediqué absorbida,

tantas fiestas a las que acudí crecida.

 

Que no saben de ver morir a tu amado en una guerra

ni de emigrar sin dinero hasta Inglaterra,

ni de cultivar por las mañanas esta tierra

ni de sufrir cuando es tu hijo a quien se entierra.

 

Ellos que piensan que el mundo es una pantalla

y creen que un like en Facebook es una medalla

y visten pantalones que parecen una malla,

ellos que me miran y piensan «¡Vaya antiguaya!».

 

A ellos les diría con mi mejor acento maño:

Niños, no tenéis entodavía ni medio año

y ya creéis que os merecéis algún escaño

y que yo por ser mayor soy algo extraño.

 

Pues sabed que mayor soy y soy muy buena

y he cumplido de martirio y dolores mi condena

y he amado con el amor de mi alma plena

y por litros se miden mis lágrimas de pena.

 

Y esto, atended, también os digo: Malditos,

os reís de mí por vieja y os creéis caballeritos

y no sois más que simples y asustados conejitos

sobre cuyas cabezas ojalá caigan meteoritos.

 

Hasta aquí hemos llegado, malparidos.

Si con trece años os creéis tan florecidos

y atacáis mis oídos con vuestros ladridos

por Dios que yo me vengaré, malnacidos.

 

Porque esta pelota vuestra está en mi lado del muro,

se os cayó y por mucho que roguéis tened seguro

que el balón se queda aquí pudriéndose en lo oscuro

y jugaréis al fútbol dando patadas… al aire puro.

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