Imagen de categoría

Lo bueno de salir a la misma hora, coger el mismo autobús, con más o menos los mismos pasajeros, es esa tranquilidad de espíritu de controlar lo conocido…

Carlos, el conductor, sigue llevando junto al volante la foto de esa chica tan guapa (menos por los tatuajes): un día de estos me atrevo y le pregunto si es su novia.

Mi hijo piensa que al llevar bastón tengo asiento asegurado. Nada menos cierto. La movilidad de las personas sentadas en los sitios reservados y más allá es mucho peor que la mía.

Este autobús llega al gran hospital.

En la parte de atrás hay un chico de pie que es nuevo. Le miro con el disimulo de una cotilla, es decir, sin disimulo. Por Dios, los pantalones están hechos de retales. ¡¡¡No lleva calcetines!!! la camiseta se la ha puesto del revés, se le ven las costuras. !!!Y esas greñas!!! 

¡Qué desperdicio de chico!

Llevo ocho semanas en rehabilitación y me sigue molestando tener que usar el baño de señoras para cambiarme la ropa. Cuando entro en el gimnasio principal veo a Pilar esperándome como todos los días. Elegí acudir a primera hora para quitármelo de en medio.

—Buenos días Pilar.

—Buenos días Aurora. Hoy no empezamos con los ejercicios. Tenemos un acontecimiento.  Nos visita el fisioterapeuta de fama mundial Oswaldo Roig. Vamos a tenerle entre nosotros esta mañana (está muy solicitado). Tiene una técnica innovadora frente a enfermedades como la tuya.

¡¡¡Vaya!!! y yo que creí que era… ¡un desperdicio de chico!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *