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Bonita foto. Hacía mucho tiempo que no pensaba en ello, pero no puedo evitar que los recuerdos vuelvan a la memoria.

Es curioso, apenas se nota la humanidad que hay en ella. No se aprecian los recuerdos de noches felices, de momentos especiales, de personas realmente importantes en su vida.

Tampoco los desagrávios que hayan marcado su vida, la afición que siempre ha tenido por hombres difíciles y la indiferencia por lo sencillo. O los insultos que haya recibido durante su adolescencia. No se aprecia la inseguridad que no podía contener ante la sola presencia de sus padres. Ni la indecisión ante la disyuntiva entre decirles adios para siempre o pedirles perdón. No se notan las noches en vela, la ansiedad nerviosa ni los sueños acusadores.

Ni tan siquiera se nota el vocabulario llano y la conversación superficial de la que estúpidamente hacía gala; ni las artes manipuladoras con sus sollozos fingidos. Apenas se adivinan las intenciones escondidas, el orgullo dolido o la necesidad de ser siempre el centro del mundo.

Y mucho menos la animalidad, el salvajismo que pueda albergar en su interior. Ni las maldades que haya cometido. Ni el remordimiento, si alguna vez lo hubo, por haberlo pagado con los seres que de verdad estaban ahí cuando lo necesitaba.

Nada parece verse en la foto. Quizá nada quede ya de todo eso despues de tanto tiempo.

De todas formas, David, estés donde estés, espero que por fín seas feliz.

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