Si cuando todo parece estar tranquilo, siempre pasa algo cuando menos te lo esperas. Esto es lo que les pasó a aún grupo de jóvenes boys scouts.

Era su primera excursión del verano, todo estaba preparado cuando por fin hablo uno de los monitores, después de estar más de seis horas sin haber dicho nada en todo el trayecto.

-Que cada uno elija un compañero, nosotros nos iremos a organizar las cabañas- dijo mirando a los monitores.

Pero enseguida se oye algo, una especie de silbido, nadie consigue localizarlo, parece venir del cielo.

-Si os gustan los aviones, aquí vais a ver muchísimos- dijo Eugenio, uno de los monitores.

Después de pasar el día organizando el campamento, todos se fueron a un rio cercano, montando así una hoguera.

Después de estar todo el día en el rio, todos se fueron a dormir, pero a media noche, se empezó a oír el mismo silbo de la llegada al campamento. Eugenio se levantó rápidamente para ver que era, una maquina voladora de gran tamaño ocupaba todo el cielo, enseguida despertó a todos los monitores. Pero a ninguno le dio tiempo a ver la máquina.

-Habrá sido un avión- dijo Susana, una de las monitoras.

Enseguida volvió aparecer, todos se quedaron perplejos, esta vez estaba más lejos, en el horizonte, reflejo una luz blanca intensa hacia el suelo, cada vez se iba acercando más.

Carlos, el último monitor, fue al trastero de la cabaña principal, de todos los muebles y baratijas que encontró, visualizo una escopeta de perdigones que estaba colocada al final de la habitación. Tropezó con unas sábanas que estaban en el suele, perdiendo así las gafas. Se empezaron a oír gritos desde el exterior, poniéndose cada vez más nervioso no conseguía localizar las gafas, hasta que por fin las cogió. Poniéndoselas rápidamente se fue a la calle.

No había absolutamente nada, no había rastro de nadie del campamento. Cogió rápidamente el teléfono para marcar a la policía, pero estaba totalmente des comunicado.

Otra vez volvió aparecer la maquina voladora, esta vez se dirigía directamente hacia su zona, soltó un haz de luz que iluminó todo el campo, abduciendo así una vaca que había en una de las fincas vecinas.

-¡Despierta hombre!- gritó un voz familiar.

Allí estaba de nuevo, en el autocar, camino hacia el campamento, listo para disfrutas del verano.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *