A veces, cuando te escribo, (antes de serte y después de eras), mi desgarrador anhelo se hace grito de todo lo demás que llegó a ser sustancia del espacio integrado en incomprensibles formas de cantares y cantares. …….
Recuerdo las trémulas e insaciables luces que extenuaban nuestros estados de azares, para quedarnos, luego, tan incompletos y tan llenos del sonido universal de los orígenes, como suprema razón demolida de toda palabra que se iba e iba gestando……
Pensábamos en los rebaños de lunas y colores que velaban nuestro sueño.
A su vez, otras lunas, nos pensaban y habitaban en cosmogonías de caminos, ritos y de tiempos.
Los yugos se amaban entre Logos, Pathos, Ethos. ….
No sé quién soy, por qué partí… a veces te olvido, o quizás ahora… pero me retuerzo y te llamo con el vértigo de lo inquebrantable, orgiástico, insoportable….No puedo comenzarte sin relativizarte, sin tenerte, sin dejarte…
Miro mi vientre, el mar, o quizás tus ojos…
…..Mi alma primitiva diría que, en realidad, (si existe una realidad), los mares me miran a través de sus memorias hasta el fin de vientos, donde pianos dan a luz a otros pianos y serafines saben que, en dimensiones, también fueron.
A lo lejos, los céfiros apagan faros, como intermitencias de calma invocada y renegada por el dolor iniciático de músicas transformadas en leyes, mitos e instantes.
Las olas me columpian como vueltas, en las letras, en el todo de la nada, en humanidades que se mecen como cuentos de los mundos y alas de naturalezas y consciencias.
Había una vez…………