De repente un día despertó y se dio cuenta que durante toda su vida había recorrido el mismo camino, siempre daba vueltas y volvía a revivir las mismas situaciones. Su mochila de viaje estaba llena pesaba demasiado; ese día al despertar miró al que había sido su pareja durante 15 años y se dio cuenta que todas sus acciones eran las que realmente él quería, ella nunca tuvo poder para elegir su propio camino.
Hoy decidió que tomaría las riendas de toda su vida y elegiría su nuevo destino, se levanto, hizo una pequeña maleta con lo más indispensable y decidió por fin comenzar una nueva vida. Necesitaba encontrarse a si misma, no sabía quién era realmente, lo maravillosa que era, lo luchadora y todo lo que valía.
Salió de casa sin mirar atrás, ella nunca tuvo suerte en su vida ni en sus parejas. Siempre repetía el mismo ciclo y caminaba el mismo sendero, todas eran relaciones tóxicas. Sólo elegía parejas que la hacían de menos, que no la valoraban ni la amaban.
Ella tenía que comenzar a caminar sola, no iba a ser fácil tendría que pasar mucho tiempo para curar esas heridas. Decidió seguir el sendero de su vida, se encontraría rocas, ríos profundos, abismos pero encontraría también cielos estrellados, días con luz, esperanza y amor.
Se fue sin pensarlo a la estación y compro un billete para el primer tren; en esa estación dejaba su pasado, subió ilusionada, segura de si misma. Durante todo el viaje fue soltando las piedras que llevaba en su mochila, todo estaba en su cabeza. Ella era la dueña de elegir su nueva vida.
Se había abierto una esperanza en su corazón, mientras miraba por la ventana su gran sonrisa irradiaba luz, iluminaba el camino, empezaba a ser feliz.