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—Muchas gracias Doña Carmen por concederme esta entrevista.

—Mal empezamos cariñito, Llámame Carmen y tutéame.

—Vd., perdón, viviste una época legendaria y maravillosa que fotografió Wolman, editor gráfico de Rolling Stone en los años 60.

—Sí, hizo un número dedicado a nosotras que tituló «Groupies and other electric ladies». Fuimos parte esencial de la contracultura de los años 60 y 70, sin nosotras, habría una parte de la historia, sobre la música, que nunca se habría escrito.

—Cuénteme, perdón, cuéntame cómo fueron esos años, Carmen.

—Veras bonita, intentamos recordar las cosas que sabemos, pero otro recuerdo interfiere. Influencias externas pueden crear falsos recuerdos.

—Carmen, los lectores quieren saber sobre el affair que mantuvo con….

—¡Ya lo sé cielín! Sé a qué te refieres, pero yo no lo llamaría “asunto”.

—En aquel entonces, vivimos una época gloriosa de la música donde podías acceder a todas las bandas acercándote a su hotel. Éramos famosas, sobre todo Miss Sandra y yo, Miss Carmen, y jugábamos en nuestra propia liga.

—Yo conocía a Keith Moon, baterista, que entró a formar parte de la banda The Who. En aquel entonces actuaban en clubs londinenses. Keith me presentó a Robert Plant, vocalista de Led Zeppelin, y si te digo que fue un flechazo no te miento. Robert (yo le llamaba Anthony) y yo vivimos un año de auténtica locura.

—¿Y qué paso Carmen?

—Bonita, “las groupies” en aquel entonces entendíamos de música tanto o más que los grupos, muchas teníamos banda propia. Al año estaba cansada de apoyar algo que no era mío. Fue iniciativa mía abandonar la relación: seguimos siendo grandes amigos (tienes que tener en cuenta que yo le presente a su mujer Maureen y que soy madrina de su hija Carmen).

—¿Qué hizo después?

—Volví a mi país donde Bravos, Brincos, Sirex, Mustang, etc., brillaban con luz propia.

—Pero Carmen, queremos saber cómo decidió hacerse escritora, pegar ese giro que la hizo ganar muchos premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras.

—Cariño, uno no decide hacerse escritora, en realidad, decidir, decidir… pues sí, acabo de decidir que mis libros son otra historia que ya contaremos en otro momento.

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