Quizá no debería contaros esto, pues seguramente no me creáis, pero en verdad pienso que tenéis que saberlo. Hace poco presencié algo tan increíble que parecía salido de una historia de ciencia ficción. A riesgo de que me toméis por un loco, os lo contaré.

El otro día, como cada vez que me quedo sin carne para hamburguesas, salí de caza. Y en eso estaba cuando cada uno de mis ojos advirtió algo que mi mente no era capaz de asimilar. Me froté un ojo. Luego otro. Y otro. Y otro más. Aún así, parpadeé varias veces antes de aceptar lo que me estaba mostrando la consola de la nave.

Aquí he de advertir a aquellos cuyo corazón izquierdo sea muy sensible que, por favor, se tapen su oreja.

Lo que presencié, como digo, escapa a toda razón, a toda lógica. Vi cómo la criatura más asquerosa que hayan presenciado estos mil ojos que tanto han viajado a través del Universo asesinaba vilmente a la encarnación de Bambi, el buen dios de la Galaxia Disney.

Sí hermanos, así es. Lo sé, lo sé… Sé que es impensable, una abominación, pero os juro por Blancanieves que sucedió tal y como os lo cuento. Todos recordamos a los miles de Mickeymousianos y a los millones de Cenicientos que perecieron heroicamente en nombre del sagrado dios Bambi, eterno portador de la Verdad Animada. Pero no os preocupéis, hermanos de la Galaxia Disney. En cuanto la carne para hamburguesas estaba cargada en la nave, fulminé a esa asquerosa criatura con mi Rayo Destructor de Herejes.

Mientras tanto, en la otra punta del Universo conocido, un hindú está contando, por casualidad, una historia que se asemeja inquietantemente a la anterior. Solo que, en lugar de que lo sagrado sea un ciervo, es una vaca.

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