Cuando te vi aparecer tan atolondrada entre los invitados, y con aquel paquete bajo el brazo, la sangre se solidificó en mis venas.
—Es mi última obra —me dijiste con tu enfermizo entusiasmo—. Te va a encantar. He transmutado los sentimientos que modelan mi interior en una alegoría que desprende sensibilidad para que te acuerdes de mí.
Estoy de acuerdo. No me voy a olvidar de ti así padezca Alzheimer. También sé que las musas te son esquivas desde hace tiempo, quizá demasiado. Te han robado el poco talento que tenías. Ahora ya es imposible interpretar tus obras. Llámame tonto, o ciego, pero… ¿qué quieres transmitir con un cervatillo herido de muerte? ¿Acaso aludes al fin de la vida terrenal? Demasiado obvio para ser tú. No es nada alegórico. Lo que tengo claro es que esa luna descomunal al fondo del cuadro simboliza tu “yo” interior, ése que anda alucinando continuamente entre cielo y suelo, emergiendo entre vapores de dudas y certezas. Bien mirado, esas nubes también podrían representar la colección de porros que te has tenido que fumar para embutir en la escena una vaca abducida por una nave alienígena.
—Es mi espíritu libre que inicia su viaje para fluir con el cosmos —me explicaste.
Tienes razón. ¿Para qué pintar una paloma simbolizando un espíritu puro si es más original y verosímil plantar una vaca con izado telepático? ¿En verdad te ves así? Cierto es que peso y tetas no te faltan, pero…
¡Y ese tipo con la escopeta…!¿Está pensando en abatir también la vaca, o se apoya la escopeta en la entrepierna como acto de moralidad paravolarse de un balazo la herramienta de consumar tentaciones?
¡Ay!, mi querida tarada… Yo no seré nada trascendental y no entenderé tu obra, pero soy feliz siendo así de simple.
N.del A.: leer con tono irónico, ácido, que hiera aunque suene desenfadado. En los dos párrafos de diálogo se puede modular la voz como si se tratara de imitar a la artista, una entusiasta descerebrada que vive en los “mundos de Yupi” de voz un tanto ñoña.