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En mi familia siempre me habían tachado de loser, de perdedor. Y muy a mi pesar, no les faltaba razón.

Un repentino ERE en la empresa me hizo perder mi empleo, así que al azar señalé con el dedo una ciudad en el mapa de España y salió Bilbao. Pues nada, allí que me fui con mis cuatro bártulos a intentar ganarme la vida.

Con mi innata habilidad de equilibrista me lancé a la calle, e imitando la postura de un yogui logré sostener un balón en mi cabeza. Estaba en medio de una concurrida plaza pero nada, ni una maldita moneda.

Un matrimonio con sus dos niños se detuvo a admirar mi malabarismo, cuando al rato el niño empezó a berrear sin parar. Se había encaprichado con el balón… Sus padres no lograban calmarlo, y él cada vez gritaba más y más. A regañadientes, le tuve que obsequiar con el preciado objeto de mi precaria subsistencia….

Así que como siempre, un auténtico loser…

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