No he de necesitar yo mucho acicate

pues puedo viajar sola hasta Barbate

y a mí tampoco me hace falta un yate

para abrazarte a ti y mi amor te ate.

De mi vientre naciste en un embate,

quizá te cuide ahora algún magnate

o tal vez un malparido te maltrate.

 

Recuerdo el llanto agudo de hospital

cuando te tuve sin tomar epidural

por culpa de un tonto descuido sexual

de un padre cabrón que juró ser leal

pero al enterarse de ti se portó mal,

no quiso ni hablar de amor nupcial

y se fue estando tú en gestión fetal.

 

Te quise, hijo, te quise y no te miento,

no es tu culpa aquel desenamoramiento,

mas faltando el dinero y el sustento

cuidarte yo hubiera sido un desacierto

mejor las monjas para tu buen criamiento.

Te dejé llorando en la puerta del convento

ahorrándote de mi pobreza así el tormento.

 

Doce años, hijo mío, han pasado ya sin verte,

en doce años no he dejado de quererte

y durante doce años he lamentado perderte.

Te busco ahora para poder conocerte.

Al camino me echo a ver si tengo suerte

y aunque dinero aún no pueda prometerte

mi amor pagaré, y mucho, por tenerte.

 

Que soy tu madre y tú siempre serás mi hijo.

Aunque te escondan como se esconde un alijo

yo te encontraré al final del camino fijo.

Te explicaré de tu nacimiento el entresijo

hablando contigo a ver si así mi error corrijo

porque yo de ti sólo quiero un abracijo.

Lo que no pude darte, mi niño: un poco de cobijo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *