Había crecido mientras tú mirabas. Estuve insaciable; tu dulce niña, tu fiera luminosa, tu mujer de los almendros que se callan. ….

….Bebí tus dulces aguas de Jerusalen, mientras me llenabas….. llorabas y …..cantabas….

 

Sentí tu imposible dolor a absoluto y, noche adentro, mi alma infantil regresó el Infinito al Lenguaje y condensó naturalezas a los sueños.

Sin embargo, esto es un cuento de cuando todavía yo no era.

….Borracha de estrellas, aúllo a mis hermanas lunas, me columpio en los vientos, duermo en la hoja que integra el espacio. Las flores son lo mismo que las miriadas de insectos, piedras, árboles y nombres. Espejos. Impaciencia. Destellos. Fuegos. Pájaros. Un ángel. Nada. Algo más.

Quizás atardecí y tú desaprendiste. Nos colonizamos. Nos deconstruimos. La velocidad llegó al punto máximo de su voracidad, al clímax, y se volvió estática.

En este verano de verde silencio y eternas cosechas, camino, escalo y vuelo hasta que comience la Historia. (o vuelva a comenzar). Mi última pregunta es si existimos como verdad en la consciencia de las otras mentes; estoy pensando qué, si el flujo de los mundos en los mundos fuera este, quizás, te pude haber querido desde dentro de tu ser.

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