Querido imbécil:

Ayer vi a tu madre en la cola del supermercado y estuve a punto de ordenar que le pegaran un tiro allí mismo. Dame las gracias por tener más paciencia de la que debiera. Los pactos entre familias están para cumplirse, no para que te los pases por el forro de los cojones cuando te plazca. Si acordamos dividir el barrio en dos territorios perfectamente delimitados, hay que cumplir la palabra dada como hombres de negocios que somos. Eso, o atenerse a las consecuencias.

No voy a engañarte: tu madre está conmigo, viva, pero las está pasando putas. Ya sabes que mi compañía no suele ser agradable cuando alguien trastoca mis planes o me lleva la contraria. Ahora no me vengas con cuentos de que ella no sabía nada, que es muy mayor y está un poco demenciada. ¡Dos territorios, jodido imbécil, dos territorios! ¿Tan difícil es de comprender? Tú eres el amo al norte de las vías del tren y yo al sur. No hay que ser ingeniero para saber que una línea férrea los separa, que no hay duda posible. ¿Y dónde está mi puto supermercado? ¿En  el sur? Pues respeta los acuerdos. Si a tu madre le viene mal desplazarse más allá, sé un buen hijo y vete a hacerle tú la compra al Mercadona.

Así que, querido imbécil, tienes 48 horas para dejar en la consigna de mi supermercado la cantidad que vale tu madre viva. La he tasado en medio millón por eso de que estamos en Navidad y querrás que mañana se siente a la mesa de una pieza. Si no cumples, lo hará igualmente pero hecha ragút, que el Honorio, aparte de atender la carnicería del súper, también tiene otras habilidades.

Medio millón, 48 horas o te la devuelvo a taquitos.

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