Ante su Señoría y asistidos por mi, el Secretario, declaran los testigos:
Dª Carmen García, compañera de oficina: “Le dije que yo me atrevería a ir sola, pero ella desde que se quedó viuda se había vuelto una inconsciente. Que no le quedaba otra, me decía. ‘El viernes según salga me voy al pueblo, a cuidar aquello’. Un pueblo perdido de la mano de Dios”.
- Heliodoro Flores el mendigo que la encontró mientras rebuscaba en la basura de su domicilio, sito en la Gran Vía, no comparece.
Según el atestado de la Policía, D. Anastasio Muñoz, vecino de la letra A: “ Llevábamos días sin verla. No era muy simpática. No sabemos si tiene más familia”
‘Este viaje lo he hecho cien veces. En unos pocos kilómetros la mancha luminosa de Madrid desaparece, la autopista pierde las farolas y más allá su nombre y queda una carretera parcheada. En la última gasolinera lleno el depósito, más vale prevenir. La radio me hace compañía. Todo negro y el haz de los faros. Llevo una hora sin cruzarme con nadie. Esos puntitos luminosos deben de ser los ojos de un zorro. Llego. El frío me despereza. Voy a llamar a decir que he llegado bien. Ah! que ya no tengo a nadie a quien le importe si he llegado, ni bien, ni mal, ni adonde. Malceno. La casa cruje. Me tapo la cabeza con el edredón, me abrazo a la bolsa de agua caliente. Es raro que no ladren los perros.
Adelanto el regreso al sábado por la tarde.
¡Qué tranquilidad estar en casa! WhatsApp a Carmen: “Tienes razón con lo del pueblo. Hasta verano no vuelvo”.
Dejo el anorak, el bolso y el móvil en el salón.
Pongo la cafetera para que vaya haciéndose un descafeinado mientras bajo la basura’.