Absolutamente, señoría. Soy inocente. Yo solo quería causar buena impresión. Ser becario en la transnacional más relevante del planeta en pleno 2087 es un sueño hecho realidad. Y yo estoy cualificado. Tenía que darlo todo al principio para sumar algo de experiencia.

Empecé en la División de Geología e Investigación de Materiales. El lugar perfecto, teniendo en cuenta que soy ingeniero por la Universidad Politécnica de Helsinki; y en el área minero-micro-molecular ya iban pasados de plazo con el nuevo método de datación radiométrica.

Después, el Proyecto de Resucitación y Reanimación de Lenguas Muertas y Moribundas del Departamento de Investigaciones Lingüísticas estaba tan estancado que, de hecho, la última lengua moribunda acababa de fenecer. Me puse a ello, sólo serían unas cuantas horas más a la semana. Al fin y al cabo, tengo un grado en Ciencias y Lenguas de la Antigüedad de la Universidad Autónoma de Madrid.

Sí, puede que no fuera buena idea quedarme a trabajar después de la fiesta de la empresa. Pero estaba intrigado con el experimento del Área de Transportación Subatómica. No podía defraudarles, soy doctor en física y astronomía por la UCLA.

Y qué daño podría hacer usar el material de la datación radiométrica para intentar la transportación. Lo reconozco, dejar mis anotaciones en la lengua moribunda sobre la plataforma fue un fallo humano. Y el error de cálculo al introducir las coordenadas: después no hubo forma de localizar la piedra.

Pero nunca quise engañar a la comunidad científica. Fue la fiesta. Y las treinta horas sin dormir. Yo solo quería hacerme un hueco. Soy un tipo cualificado. No hubo dolo, eso puedo argumentarlo. Después de todo, terminé un master en Derecho en la Universidad de Cambridge.

(Claro, señoría, enseguida le traduzco lo que pone).

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