– ¡Malditos, malditos!, ¡sacadme de aquí! Jajaja, pronto acabará todo-
Llevo “recluido” 3 años, 2 meses y 13 días.
Todo empezó cuando apareció esa gigantesca piedra en mitad del Jardín Botánico.
Científicos de todos los rincones acudieron sin éxito a descifrar la extraña inscripción que tenía en un lateral. Ofrecían incluso una jugosa recompensa.
Yo, medio arruinado y aburrido, acudí aún sin esperanza a probar suerte.
Me puse enfrente de la piedra y sencillamente leí. – “Si lees esto eres el elegido. Acaba esta frase y tu sacrificio salvará a la humanidad de una muert…” – Callé. Silencio.
Nadie dudó puesto que a medida que leía, el mensaje se iba borrando. Esa fue mi condena. Primero amabilidad, alabanzas. Luego amenazas, palizas. Aunque rápidamente comprendieron que yo no podía morir. No al menos así, en sus manos. Y llegó mi encierro.
Me tienen monitorizado y con todas las comodidades, salvo que estoy totalmente aislado. Sólo salgo de este cuarto una hora al día. Me ponen delante de la piedra esperando que complete la frase. Pero no lo haré.
Te preguntarás por qué no cedo y acabo con esto. Por qué no quiero salvaros.
Es sencillo: yo siempre he sido una persona solitaria, sumergida en un aislamiento autoimpuesto sintiendo que nada me conectaba con el resto de la humanidad. Por tanto, esta situación no me es incómoda. Mi único y verdadero miedo siempre fue el morir solo. Así que me aferro a esa esperanza. A tener la oportunidad de al menos compartir el final con el resto.
Morir solo… pero ellos no lo saben. Apenas me amenazaron con ello al principio.
Así que aquí estoy. Fingiendo que este encarcelamiento me es insoportable. Pero secretamente ilusionado con el fin, que llegará en 5 días. Pero eso… – shhhh- eso nadie más lo sabe.