Querido Alberto,
Ayer vi a tu madre en la cola del supermercado, fui a saludarla y me comentó que en unos días te ibas a Vietnam a trabajar en un nuevo proyecto de infraestructuras ferroviarias. Me enseño la foto del tramo que renovareis con un antiguo puente de hierro y una vía estrecha con rieles que parecen languidecer bajo el sol. Esa foto, un tanto misteriosa, me hizo soñar con un viaje de aventuras donde veo ese puente herrumbroso con sus barrotes añosos y una especie de techo entrelazado y comienzo a caminar por las vías hacia el horizonte. Luego me interno entre las plantaciones de bananas jugando a perderme, regreso a las vías esperando oir el pitido de una antigua locomotora que arrastre vagones de madera y llegue traqueteante lanzando, por su enorme chimenea, figuras de humo y vapor que se enroscan y desperezan hacia un cielo resplandeciente. Miro hacia atrás para ver el puente y me sorprende ver una figura alta, de andar desmadejado que parece seguirme, aprieto el paso pero me voy tropezando con las piedras que tapizan el centro de las vías. La figura también parece apurarse y avanza rápidamente. El sudor comienza a perlar mi frente y resbalar por mis mejillas, el corazón me empieza a batir alocadamente. Trastabillo y caigo de lado al suelo. La figura se acerca amenazante y proyecta una sombra que me envuelve, se me paraliza la respiración y oigo:
-Verónica, soy yo Alberto! Pero, qué haces aquí? Te has hecho daño? Por qué huías?
En fin… volviendo a la realidad, te deseo buen viaje y buena experiencia. Escríbeme cuando estés instalado y me envías fotos de la zona.
Un abrazo
Verónica