Aquel día tocaba escena de playa estilo principios del siglo XX: una joven con bañador largo y un galán muy cubierto, y de miembro tumefacto. Un vez vestidos, empezó la función.
-Oh Diosss, qué bulto tiene ahí, señor.
-Señorita, esto es el móvil…
-¡Toni!, en 1920 no había móviles. ¿Analiza la escena, por Dios?
-Lo siento, esto es… una sepia… como estamos en el mar.
-¡Me estás cortando el rollo, Toni! Haz el favor de… espera… ¿qué ha sido ese ruido? Mierda, es Paco. ¡Métete en el armario!
-Pero…
-¡Que te metas en el armario ya!
-Holaaa, Paco, cielo. Qué prontito, ¿no?… ¿Por qué me miras así?
-Ya estás otra vez, ¿verdad? ¿Está en el armario?
-¿Eh?
Paco abrió las dos puertas bruscamente sobresaltando a un Toni que se tapaba el enorme pene con las dos manos. Se miraron. Paco bufó y se giró hacia Patricia.
-Dijiste que solo era un juego y lo dejarías en cuanto recuperáramos la pasión. ¿Hasta cuándo va a durar esto?
-Cariño, estamos mejor desde que está Toni. Ya no discutimos y estamos más relajados.
-Patri, tú estás más relajada, pero yo estoy mal. Lo aguanto porque te hace feliz, pero no creo que pueda seguir así.
-Yo creo que a esta ecuación le falta un cuarto elemento- dijo Patricia señalando un papel que había encima de la mesa.
Paco lo leyó.
-¿Hemos ahorrado suficiente ya?
-Yo creo que sí.
El hombre sonrió, se levantó y fue hacia Toni, que le miró asustado. Alargó la mano, la pasó por detrás del cuello del hombre desnudo y sonó un “clic”. Los ojos del androide se apagaron y Toni soltó su enorme pene cibernético.
En el papel que había encima de la mesa podía leerse “Consolador femenino modelo Diosa Nórdica. No notará la diferencia con su propia esposa”.