Cuando conocí la historia de aquel muchacho estuve dos días sin conciliar el sueño. Como médico de urgencias había experimentado durante años situaciones inimaginables, pero son las vidas como las del joven Marcos Babher las que te hacen tomar conciencia de que la esencia del hombre es lo que vive y lo que siente. El resto es únicamente un adorno.

El aviso del atropello nos llegó por la emisora de emergencias aquella madrugada en la que mi destino cambió para siempre. La ambulancia voló por la carretera hasta el lugar donde la policía había encontrado un hombre tirado sobre el asfalto. Marcos aún respiraba cuando tomé su pulso y realicé una primera exploración para estabilizar sus constantes. Entonces no me llamaron la atención los tatuajes que decoraban su cuerpo, ni la maleta que mantenía agarrada incluso estando inconsciente por la gran cantidad de sangre que había perdido.

Fue más tarde, al tumbarlo en la camilla de urgencias del hospital, cuando descubrí que Marcos Babher iba a morir joven pero después de haber vivido más intensamente que mil hombres juntos. Sobre la piel de todo el cuerpo tenía representada su historia a través de incontables dibujos fantásticos. Cada trazo de tinta contenía la esencia de grandes momentos: miradas encontradas, cuerpos amados, caricias eternas, almas perdidas… Marcos había ido tatuando lentamente sobre su piel el diario más íntimo que nadie jamás podrá escribir.

Sabía que moriría aquella misma noche. Sus órganos irían desplomándose uno tras otro como fichas de dominó. Yo esperaba impotente el desenlace frente a una taza de café cuando reparé en su maleta. Al observar su interior decidí seguir los pasos que Marcos había dado por el mundo durante su corta existencia.

Si quieres saber su contenido, tendrás que cambiar tu forma de ver la vida tal y como hice yo.

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