El camino era abrupto; montañoso lleno de hierba altas, alguna zarza y la tierra roja. Se descubrían calzadas romanas al paso. Las médulas estaban abandonadas al paso del tiempo.
Carlos y yo volvíamos de un congreso en el Mar. Era el contraste perfecto, asombroso.
Había cuevas de agua que caían en cascadas para lavar la piedra y encontrar los filones de oro.
Nos pudimos a caminar de vuelta al coche sin evitar desviarnos a un pequeño camino entre matas.
Estábamos ya lejos, había solo el ruido del aire suave moviéndose.
Volvamos repetí, y en ese instante, entre hierbas vi una piedra de color rojizo de unos 2 kg con grafías extrañas.
Desde el primer instante, como protagonista de una película de aventuras, pude leer la grafía. Pero no me
Atreví a decir nada.
Al día siguiente, Juan y un equipo suyo de científicos del CDIC la estudiaban sin éxito de entenderlo!
Propuse volver a donde la encontramos:
» Si, añadió Carlos- buena idea. Quizás allí se encontremos alguna clave que ayude.
Al fin de semana siguiente fuimos; las vistas eran sobre cogedoras.
Mientras ellos oteaban el paisaje una voz interior me susurraba la frase de la piedra que llevaba en mis manos.
Seguí mi intuición y lancé la piedra lejos sin que me vieran y la sustituí por otra del mismo tamaño y forma.
Caminamos hacia el lugar donde la encontramos, y al llegar aproximadamente al lugar la saque del saco, la miraron.
El silencio acaparó el espacio y el tiempo.
Parece que ya no tenemos nada que descifrar! Dijo Carlos.
Ha merecido la pena venir de todos modos. añadió Juan.
Así que nos marchamos si bien hasta pasada más de 1 hora seguía oyendo el susurro de la piedra.
Soy el Ser, el Origen integrado en el Todo.