Yakub al Farabí un día fuerzas infernales invocó con objeto de sabiduría obtener, cómo el oro saber crear y cómo el secreto del árbol de la ciencia descubrir. Pasado el tiempo una noche soñó que un genio de alas magenta su cabecera de noche asaltó. Traía una piedra con signos antiguos que a descifrar le enseñó. En ella se contenían arcanos saberes que ante sus ojos se desvelaron sin rubor. Tenía el secreto de la vida ante él. Pero una sola objeción el ángel emitió: La piedra debería ser ignota para cualquier ojo humano y su arcana indescifrable escritura invisible debiera permanecer después de sus signos leer. En contrario caso, el día que la docta inscripción desvelada fuera por ojos humanos, él no debiera nunca poder su texto volver a ver, so pena de muerte e infierno inmediato caer.
El tiempo pasó, Yakub del triunfo humano participó y su vanidad al ángel le hicieron olvidar. Un día unos doctos sabios llamaron a su puerta, un paquete traían en telas envuelto, con caja de madera protegido y dentro de urna de cristal. Una inscripción habían encontrado y nadie sabía su sentido desvelar, de antigüedad ignota era su aspecto y apelaban a la gnosis eterna de tan docto sabio el texto descifrar. Yakub en su soberbia sabiduría nada de aquello recordó y levantando urna, descerrajando caja y desenvolviendo imprudentemente su contenido, el texto delante de sus ojos quedó. Nuestro protagonista sin duda lee con facilidad, pero fue solo iniciar, su figura a desaparecer comenzó, primero los pies, luego las piernas parecieran desvanecerse. Por último su cabeza mientras altaneramente su voz declamando seguía, en un fogonazo se evanesció y sólo un olor a chamuscado en el ambiente quedó. Cuando los sabios la piedra del suelo recogieron ninguna inscripción en su superficie ostentaba .