Dúlcemente azorada,
entrevelada,
repleta de sensaciones que no entiende,
repleta de sensaciones que sí quiere,
con él al lado,
lo siente.
Sin tocarse,
en la distancia de varios centímetros,
con ropa,
vestidos,
aún así lo siente.
Con un tremor en el pecho,
sintiendo la sangre recorriendo sus venas,
con un tono rojo en las mejillas,
lo siente.
Y ahí queda todo,
sólo un extraño en un bar
al que no conoce
ni conocerá jamás.
Sólo los sentidos,
sólo ella lo ha sentido,
por un fugaz instante
de calor.