El sol calienta tu rostro, cierro mis párpados porque no quiero ver.

Imagino tu piel tostada y suave, ardiente bajo los rayos que nos unen en este momento tibio y sugerente.

Abro mis ojos. No quiero comprobar como una gota de sudor, baja por tu cuello y desaparece entre la profundidad de tus secretos, seguida de ese cabello que forma tu trenza que como lengua sinuosa se entibia con el contacto de la carne que se expande por debajo de tu traje.

Me perturba imaginar mi lengua mimetizándose con tu pelo y lamiendo esos dos bultitos erectos que sugieren su figura por debajo del sostén de tu bañador.

Abro los ojos, no puedo resistir esta imaginación que me eleva por encima de lo debido.

Veo tu boca como me habla, pero no oigo.

Tengo que cerrar los ojos, porque solo en el reino de la fantasía soporto esas visiones.

Sueño tus labios bajar por mi pecho, tocar el principio de mi vientre y…

Miro hacia el sol, directamente, su pureza debe limpiar mi fantasía desbocada.

Noto tu boca sobre mi vello.

No puedo aguantar más.

Una voz se oye por encima de la espuma burbujeante, a punto de estallar.

-Muchachos venid, vuestra abuela necesita de ayuda.

Es la voz de mamá que me saca de mi ensueño.

Intuyo quizás una sonrisa subrepticia en tus labios mientras te lanzas al agua y te veo desaparecer hacia la orilla mientras mi fuego no se apaga.

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