Me llamo Víctor, tengo doce años y soy asesino. Guapampa es mi hogar y mi refugio porque aquí nunca entra la policía, aunque sé que algún día no les quedará más remedio que venir a buscarme. Mientras tanto, continúo ganándome los pesos y el respeto de todo el mundo, amigos y enemigos, clientes y víctimas. Nadie quiere tener problemas con Víctor “El nene” aun cuando no conocen su cara. La sola mención de mi apodo les provoca terror y yo me enorgullezco de ello, porque en Guapampa, en toda la región, ¡en el país entero!, quien no infunde respeto y miedo puede darse por muerto.

No me gusta mi trabajo…, pero es que solo sé matar. Y soy el mejor. ¡¿No lo entienden?! Es un mero hecho de supervivencia: si no mato, no gano pesos. Moriría de hambre como tantos otros niños que a diario deambulan famélicos por los arrabales, expuestos a la prostitución en el mejor de los casos, o a convertirse en forzados donantes de órganos en el peor. De todas formas terminarán asesinados una vez hayan cumplido su cometido. Así que debo ser yo quien mate primero, siempre por encargo, siempre por un buen puñado de plata, amparado por mi apariencia inocente y andrajosa, por mis oscuros ojos verdes, por mi gesto triste y perdido. Nadie se imagina que el limosnero que se le acerca va a descerrajarle un plomazo en plena frente cuando se agache a darle una moneda.

¡Por Dios, tienen que entenderme! No soy una mala persona. Matar es una forma tan digna como cualquier otra de ganarse la vida cuando no quieres perderla… Y sé que no hay salida. Seré un asesino hasta que la policía entre un día en Guapampa a buscarme. Terminaré mi carrera con una última víctima: yo mismo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *