Tardamos 600 días en llegar a Europa, una de las Lunas de Júpiter. La superficie, cubierta de afloramientos cristalinos forman figuras alucinantes, unas de pesadilla, otras hermosas y delicadas, todo de una extraña blancura.
Una regla, prohibido todo color. Vivimos bajo una enorme cúpula que tiene aspecto de bola de navidad. Todo allí dentro es blanco y nosotros vestimos de blanco.
Los selenitas vienen y nos observan en silencio.
Intento encontrar belleza en estos seres grotescos pero instintivamente me producen rechazo. Un ser esta apoyado en la cúpula como un extraño gusano de cubos, todo aristas y planos. Meto la mano en el bolsillo y toco el regalo de mi hijo, botones de colores. Los miro estando sola, me tranquiliza sentirlos.
Me acerco. Solo un cristal nos separa, mi cara a poca distancia de los huecos oscuros del gusano. Y me doy cuenta que he trasgredido la primera regla. Mis ojos son azules. El ser se aleja lentamente.
Al día siguiente son más de cincuenta. Me buscan.
El segundo día son más de cien. El jefe Roswell da la orden de no salir de la base.
Cuando amanece estamos sitiados.
Al quinto día el silencio está fuera y dentro de la cúpula.
Han pasado 9 días. Me acerco hasta un gusano cúbico y le ofrezco los brillantes botones de colores. En mi cabeza una estridencia, un estallido. Caigo de rodillas y el ser penetra como una hoja a través de la cúpula. Se desliza hacia mí. Veo su boca enorme y sus dientes afilados.
Me despierto en la nave. El jefe Roswell me cuenta que los seres destruyeron la base metódica y lentamente y que podrán implantarme ojos nuevos.
Tardare 600 días en ver a mi hijo y todos los colores de la tierra.