En mi mente seguía la agradable sensación que el sueño de la noche anterior me había dejado.
Me encontré en un pueblo desconocido y familiar al mismo tiempo. Era un día de fiesta porque
caían pétalos del cielo y la multitud estaba pletórica. Alguien especial entraba en la ciudad y era
razón de júbilo, bailes y con esa agradable sensación me desperté.
Esa misma mañana hacía sol y salí a dar un paseo sonriendo por el centro de Dublín, me
preguntaba porque aquel sueño me había impactado tan positivamente.
Me encontré con una exposición y entré curiosa.
Trataba sobre antiguas culturas. Objetos egipcios, con restos celtas, entre otros. Recorrí todas las salas con mucho interés.
En la última se encontraban objetos cuyo origen era desconocido. Me fui acercando a las vitrinas
intentando entender cómo era posible que nadie hubiese descubierto su procedencia.
Había un área dedicada exclusivamente a un tipo de objetos que se intuían del mismo origen,
igualmente desconocido.
Mis ojos se empezaron a humedecer por una agradable sensación de ilusión, un extraño
sentimiento familiar inundó todo mi ser. Empecé a recorrer cada objeto y como si mi mente se
abriese a recuerdos pasados, empecé a tener flashbacks con imágenes desconocidas y
familiares al mismo tiempo. Tuve la sensación de volver a casa.
Una piedra con un texto llamó mi atención. Hablaba de mi pueblo, de cómo sobreviviría a través
de los siglos y como iban a rescatar la sabiduría acumulada en múltiples existencias. Lloré por la
belleza de las escrituras, por la esperanza, por su magia. Como si hubiera escuchado una bella
melodía, cerré los ojos e intenté controlar el llanto y comprender lo que había pasado en esos
instantes.
Al abrir los ojos me sorprendió un cartel indicativo: Los científicos no han sabido descifrar este
lenguaje.