Querida mía: ayer vi a tu madre en la cola del supermercado, la salude y me rebusco en el bolso, entregándomela,  la foto sobre el puente de las vías del tren en la que arriba del todo pasábamos los primeros veranos de nuestra relación.

La dije que ya era hora de contártelo, a lo cual me dijo que esperara hasta su muerte, por eso querida voy a escribirte contándotelo pero guardaré esta misiva hasta que fallezcamos los dos, para eso me asegurare de meterla a tu nombre en la caja fuerte del banco.

Cariño, empezamos a salir juntos cuando éramos unos adolescentes, un día que fui a buscarte a tu casa, mientras terminabas en la ducha, tu madre, que en aquel tiempo era viuda y estaba estupenda me atrajo hacia ella y puso mi mano en sus pechos, diciéndome que teníamos dos horas todos los días a solas si yo quería, que tu no tenías por qué enterarte serian nuestros encuentros a la hora que tu ese verano ibas a la academia. Me beso en la boca, te confieso que yo me deje, y me susurro al oído, que mañana a las 10 me esperaba, que lo pasaríamos bien.

Tu madre me sacaba 25 años, en la cama me enseñó latín, pues claro que yo con 17 años fui todos los días a la cita de las 10, me bullían las hormonas y la prometí desfogarme con ella y a ti respetar tu virginidad hasta que duraran las relaciones con tu madre, se aseguró de mantenerme activo sexualmente hasta que terminamos la universidad y yo decidí casarme contigo, cosa que tu aceptaste.

Por eso te adjunto la fotografía, pues es la  prueba de nuestro peting, te gustaba que te sobara todo tu cuerpo sin llegar a mayores, allí arriba, como testigo los trenes que pasaban.

Te quiero.

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