No se lo planteó. Echó a correr por el túnel que la llevaba hacia el fondo luminoso donde apercibía un extraño dispositivo. Una rueda, un volante, un engranaje de reloj, un mecanismo horadado que le permitiría, ad minima, pasar una mano, mirar, escuchar.

Su respiración se acelera. Se para a pocos metros de su meta. En su incertidumbre, recompone su despeinado, se estira una mecha de la frente, se frota los párpados que aún conservan antiguos borrones de rímel. Al fin acepta la situación. Se acerca hasta rozar con los dedos el misterioso artilugio. Lo palpa suavemente y sus dedos, buscando alma, van y vienen sobre el terciopelo que se deja acariciar. Sonríe.

Cierra los ojos.

¡Se ha muerto esta mañana! Le parecía ya tan lejos… Se esfuerza en recuperar la memoria deshilvanada. 

…Se hallaba sola en la habitación “Glicinas” de la quinta planta.

…Un ictus.

…Llegaron con gritos apagados. La desvistieron inhumanamente. La lavaron vergonzosamente. La encerraron en un saco de cremallera.

…Ningún familiar ni amigo ni colega.

…El vehículo funerario la trasladó al cementerio. Introdujeron el féretro en un hoyo junto al gélido muro Norte. Entre las prisas de los municipales y las lágrimas de la dama ONG que pretendía acompañar a los difuntos en su travesía hacia el Hades.

…Susana sacudió las piernas, golpeó la madera, se liberó de su encierro, arremangó la vestimenta y caminó tropezando con ataúdes, charcos, bichejos que se le antojaron sus mejores amigos. Y raíces, raíces, raíces…

…Al final del recorrido, esa luminiscencia. Ese mecanismo.

Volvió en sí. Con miedo pero animosa acercó el ojo derecho a la mirilla. La rueda se puso a roncar. Como un motor sin gasolina. Giró la rueda que se resistía.

surgieron seis palabras por clasificar que le abrirían la Puerta.

VOLUNTAD-AMOR-PERSEVERANCIA-ASOMBRO-SOLIDARIDAD-JUSTICIA

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