Me estoy haciendo pis. Pero no puedo levantarme. Asomo los ojos por encima de las mantas. Está muy oscuro. Creo que no hay nadie. Sé que puede aparecer en cualquier momento. Y entonces no podré hacer nada.

 Nadie podrá hacer nada.

Todavía me duele debajo de los brazos. Siempre me hace daño. Porque no quiero darle besos. Porque no quiero abrazarle. Porque no quiero salir en su foto. Siempre salgo llorando. Lo odio.

La última vez se pinchó con el velcro de mi gorrito blanco. Entonces se apartó. Mi gorrito es mágico. Pero ya no puede hacer más.

Nadie pudo hacer más.

Tengo la nariz fría. Oigo pisadas en el pasillo, cerca de la habitación de mis padres. Estoy tiritando, se me va a escapar el pis. Busco ayuda. Mi hermana duerme. Como si estuviera muerta.

Ahora sé que todos nos morimos. Mamá me lo contó. No sólo se mueren los viejos. Y te puede pasar mientras duermes. Yo no quiero dormirme. No quiero morirme.

Necesito mi gorrito blanco. Pero no me atrevo a poner los pies en el suelo. Me oirá y será peor. Los pasos se acercan. Va a encontrarme. Me ahogo.

Ahora tiemblo más fuerte. Oigo mi respiración. Escondo la cabeza y rezo en voz bajita: «Jesusito de mi vida, eres niño como yo…» Quizás si cierro los ojos no me vea nunca.

Mi cama está mojada. Siento vergüenza.

Debí quedarme dormida. Mi hermana me despierta, no está muerta. Al contrario, sonríe y grita contenta. Los Reyes han venido. Me acerco corriendo al salón y lloro. Ella cree que es porque, un año más, no tengo mi Scalextric. Pero es porque estoy contenta. Porque mi gorrito está junto a la chimenea lleno de caramelos. Y sobre todo, porque Melchor ya se ha ido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *